ADRIANA LORENTE REFLEXIONA EN SU PINTURA SOBRE LA HUELLA DEL PASO DEL TIEMPO (2001)

A veces la ausencia es más determinante en la vida que la presencia. El vacío es un lugar inquietante, un espacio de tránsito, igual que las habitaciones deshabitadas. Restos del tiempo vivido, huellas de lo humano, escenarios sobre los que proyectar los recuerdos… Todo esto está presente en la pintura de la artista navarra Adriana Lorente, dentro de la exposición Habitar el tiempo que ayer presentó en el Polvorín de la Ciudadela de Pamplona donde permanecerá hasta el 9 de diciembre.

Para esta pintora, formada en la Escuela de Artes y Oficios de la capital navarra, esta muestra es su puesta de largo dentro del mundo del arte y llega después de que sus obras se han podido ver en alguna galería y en muestras colectivas. La selección de 25 óleos que cuelgan de las paredes del Polvorín recoge obras de los dos últimos años. Todas son habitaciones o espacios interiores, pintados, todos ellos, “de corazón y fundamentalmente para sugerir el paso del tiempo, la huella humana, el paso de las personas”, explica. El resultado son composiciones en las que la fría desnudez del espacio deshabitado contrasta con la calidez de los elementos con los que la artista decora las habitaciones creando escenarios melancólicos. La admiración de Adriana Lorente por pintores como Matisse, Hopper o Balthus se aprecia en esta exposición, en la que se incluyen dos obras, Mi Matisse y Au revoir Balthus, en homenaje a los dos primeros . En ellos la artista recurre a la metapintura, “cuadros dentro del cuadro”, lo que, en su opinión, da una “mayor calidez a los ambientes y ayuda a inmiscuirse en la historia”.

Y es que a Lorente le gustaría que quienes observasen los cuadros se metieran en su interior y “fueran capaces de ver o imaginar sus propias historias, llenarlos de metáforas propias, de instantes de sus vidas”. En este sentido se refirió a la verticalidad presente en muchas de las pinturas, como esquinas o recodos que “invitan al espectador a fisgar porque dentro de esos huecos puede haber alguien oculto a la mirada”.

En sus óleos hay una serie de temas recurrentes como las ventanas, que para ella son “un elemento de separación entre el interior y exterior, como fuga a otras realidades”, con un exterior que casi no se percibe, pero con entrada de luz a través de ellas. Las habitaciones con camas son también una constante en sus pinturas, ya que considera son “ambientes muy íntimos, donde se concentran las relaciones personales y se resuelven la mayoría de los conflictos”.

Otro referente de su trabajo es la ausencia de la persona, salvo en una de las obras expuestas. No obstante pese a no aparecer la figura humana como tal en la mayoría de los casos se nota y se evidencia la presencia del hombre como habitante pasado de los lugares y así el espectador tiene la impresión de que los espacios “están o han estado habitados”.

ALICIA EZKER – Pamplona

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